Quedamos, como la otra vez al ir a Assisi, en la estación del MiniMetro (una cabina de teleférico sobre railes, sin conductor), para bajar hasta la estación de Fontevigge (la estación central de la linea gorda de ferrocarriles de Italia). Con una distancia de escasos 30 km, en poco menos de media hora estuvimos allí. Muy decentes mis amigos, los que habían organizado la excursión, miraron el tren, horarios y precios, que mejor nos convenía, pero nada de hacia donde tirar una vez nos bajásemos del tren. Así que salimos de la estación y tiramos para donde primero nos pareció sin saber nada ni tan si quiera pararnos a preguntar a los lugareños por donde tirar. Por suerte tiramos para el lado correcto, de los dos posibles, y dimos con el lago en nada, estaba justo detrás de las casas que había tras la estación.
Desilución: no era más que un lago cualquiera, muy grande eso sí, pero no tenía nada especial. Bueno si, que debía de ser la cloaca de toda la zona, porque no creo que un lago pueda tener más mierda de la que tenia ese. El agua era de color verde, acumulaba basura, y era basura (botellas de plástico vacías, bolsas, papeles...), diversos objetos que es mejor no mencionarlos, y varias cosas más.

Con el desánimo en el cuerpo por la impresión del lago, seguimos su borde por el mini paseo marítimo del pueblo, y digo mini porque a penas tenía metro y pico de ancho. Caminamos por diversas pasarelas y muelles que se adentraban tímidamente en el lago, mirando el paisaje, echando fotos al las montañas del horizonte tras el lago, a nosotros, en grupo, yendo y viniendo por ahí, haciendo el canelo con Elo... jajaja...
Unos pocos se habían adelantado al resto del grupo al punto de información turística, para ver que ofrecía el lago. La única actividad era un barco que te llevaba hasta la isla, a visitar el castillo-museo que había allí. Coste: 6 €, ya nos costaba 6 euros el tren ida y vuelta, nadie quiso pagar la chalupa aquella (que seguro que era una chalupa, o una patera incluso). Así, que sin otro plan que hacer, nos decidimos, como no, y para no perder costumbres, subir las cuestas para ver el pueblo (¬¬). ¡Bah! Tampoco fueron tantas: dos cuestas y una escaleras to' chulas en forma de "s".

Subimos, y el "castillo" que había allí arriba estaba cerrado, así que el personal se puso a comerse el bocadillo que habían llevado preparados en sus mochilas. Los que no habíamos llevado nada nos fuimos por ahí a buscar donde comer. En nuestra hazaña encontramos un fabuloso mirador, de propiedad privada, pero que la dueña, muy amablemente y con mucha dulzura nos invitó a entrar. Vistas del lago, pero desde un punto más alto: ya mejoraba la visión del lago Trasimeno y sus alrededores.
Bajamos de nuevo junto al lago, ya que por las calles de arriba no encontrábamos lugar alguno donde conseguir comida. A esto que se nos unieron unos amigos más que acaban de llegar, que habían perdido el tren de por la mañana. Estuvimos comiendo en un bar-restaurante, que para mi gusto, un poco caro para lo que ponían, pero sabemos que por aquí la cosa es así. Cuando terminamos de comer, algunos de los que se quedaron arriba habían decidido irse de vuelta a perugia, el resto, nos compramos un helado y nos fuimos a tumbarnos al césped para tomarnos el helado al sol. Sobre las 3 y media, subieron todos arriba para ver el "castillo". Yo me quede abajo solo tumbado al sol escuchando música, que estaba demasiado agusto como para moverme, y más para subir cuestas y ver algo, que a lo más seguro, era sombrío y de poca luz.
Cuando termiaron, bajaron a por mí y nos encaminamos a la estación para coger el tren de regreso de las 4 y media. Al llegar a la estación estaba allí parte de la gente que había dicho que se iban, que al final se habían quedado por allí purulando. A continuación, un punto a favor, no había trenes hasta las 6, así que vuelta otra vez al césped jajaja... ¡no tenía yo ganas de tumbarme al sol dios!
La vuelta fue tranquila, hablando entre medio sueño y viendo la fantástica puesta de sol...














