11 de octubre de 2011

Enrutados (II)

El finde este comenzó con otro viajecito-excursión. Esta ocasión al noroeste, al pueblo de Passignano sul Trasimeno, en la orilla del lago Trasimeno.

Quedamos, como la otra vez al ir a Assisi, en la estación del MiniMetro (una cabina de teleférico sobre railes, sin conductor), para bajar hasta la estación de Fontevigge (la estación central de la linea gorda de ferrocarriles de Italia). Con una distancia de escasos 30 km, en poco menos de media hora estuvimos allí. Muy  decentes mis amigos, los que habían organizado la excursión, miraron el tren, horarios y precios, que mejor nos convenía, pero nada de hacia donde tirar una vez nos bajásemos del tren. Así que salimos de la estación y tiramos para donde primero nos pareció sin saber nada ni tan si quiera pararnos a preguntar a los lugareños por donde tirar. Por suerte tiramos para el lado correcto, de los dos posibles, y dimos con el lago en nada, estaba justo detrás de las casas que había tras la estación.

Desilución: no era más que un lago cualquiera, muy grande eso sí, pero no tenía nada especial. Bueno si, que debía de ser la cloaca de toda la zona, porque no creo que un lago pueda tener más mierda de la que tenia ese. El agua era de color verde, acumulaba basura, y era basura (botellas de plástico vacías, bolsas, papeles...), diversos objetos que es mejor no mencionarlos, y varias cosas más.



Con el desánimo en el cuerpo por la impresión del lago, seguimos su borde por el mini paseo marítimo del pueblo, y digo mini porque a penas tenía metro y pico de ancho. Caminamos por diversas pasarelas y muelles que se adentraban tímidamente en el lago, mirando el paisaje, echando fotos al las montañas del horizonte tras el lago, a nosotros, en grupo, yendo y viniendo por ahí, haciendo el canelo con Elo... jajaja...

Unos pocos se habían adelantado al resto del grupo al punto de información turística, para ver que ofrecía el lago. La única actividad era un barco que te llevaba hasta la isla, a visitar el castillo-museo que había allí. Coste: 6 €, ya nos costaba 6 euros el tren ida y vuelta, nadie quiso pagar la chalupa aquella (que seguro que era una chalupa, o una patera incluso). Así, que sin otro plan que hacer, nos decidimos, como no, y para no perder costumbres, subir las cuestas para ver el pueblo (¬¬). ¡Bah! Tampoco fueron tantas: dos cuestas y una escaleras to' chulas en forma de "s".



Subimos, y el "castillo" que había allí arriba estaba cerrado, así que el personal se puso a comerse el bocadillo que habían llevado preparados en sus mochilas. Los que no habíamos llevado nada nos fuimos por ahí a buscar donde comer. En nuestra hazaña encontramos un fabuloso mirador, de propiedad privada, pero que la dueña, muy amablemente y con mucha dulzura nos invitó a entrar. Vistas del lago, pero desde un punto más alto: ya mejoraba la visión del lago Trasimeno y sus alrededores.

Bajamos de nuevo junto al lago, ya que por las calles de arriba no encontrábamos lugar alguno donde conseguir comida. A esto que se nos unieron unos amigos más que acaban de llegar, que habían perdido el tren de por la mañana. Estuvimos comiendo en un bar-restaurante, que para mi gusto, un poco caro para lo que ponían, pero sabemos que por aquí la cosa es así. Cuando terminamos de comer, algunos de los que se quedaron arriba habían decidido irse de vuelta a perugia, el resto, nos compramos un helado y nos fuimos a tumbarnos al césped para tomarnos el helado al sol. Sobre las 3 y media, subieron todos arriba para ver el "castillo". Yo me quede abajo solo tumbado al sol escuchando música, que estaba demasiado agusto como para moverme, y más para subir cuestas y ver algo, que a lo más seguro, era sombrío y de poca luz.

Cuando termiaron, bajaron a por mí y nos encaminamos a la estación para coger el tren de regreso de las 4 y media. Al llegar a la estación estaba allí parte de la gente que había dicho que se iban, que al final se habían quedado por allí purulando. A continuación, un punto a favor, no había trenes hasta las 6, así que vuelta otra vez al césped jajaja... ¡no tenía yo ganas de tumbarme al sol dios!

La vuelta fue tranquila, hablando entre medio sueño y viendo la fantástica puesta de sol...



 La peña.

 Una de las pasarelas.



 El lago visto desde la parte alta del pueblo.

 Más pueblo y lago.

 ¡A esto estaba tan enganchao' yo que me quede solo! jajaja...

Enrutados

Esta semana hemos empezado con las rutas italianas, a conocer el país. El martes fuimos a Assisi (Asís), el pueblo natal de San Francisco de Asís, ese hombre taaaaaaaaaaan adorable que hay que estudiar en filosofía (¬¬).


Assisi, es un pueblo de la provincia dell'Umbria, cuya capitalidad la tiene Perugia. Está a escasos 30-35 km, se tarda media hora en tren. Encamada en una bellisima montaña, más bella es la ciudad. Toda de casas de piedra, un piedra blanquisímia, que parece que limpian y pulen a conciencia. La ciudad reluce y destaca contra el fondo verde del valle de la región della'Umbria. Destacan a simple vista el monasterio donde se encuentran los restos mortales de San Francisco, y la catedral del pueblo, ambas, de más blancuras que el resto de edificios del pueblo.

 Assisi, vista desde Perugia.
De las mismas características que todos los pueblos de la zona, encaramados en lo alto de las montañas, únicamente tiene cuestas y cuestas, aunque creo que son mejor llevables que las Perugia, o ¿no? ...las montañas me confunden!!

Al bajarnos en la estación, estuvimos por ir hasta lo que es el pueblo pueblo, en taxi, que nos querian cobrar 3 euros por persona, le dijimos que como mucho un euro y medio como los autobuses de Perugia, y riéndose decían que eso era muy poco, así que los dejamos ahí con toda la caraja y nos pillamos el bus por un euro (punto para los buenos). Al llegar arriba, como buenos turistas, no sabíamos si bajarnos antes o después. Una amiga fue a preguntar cual era la parada más alta, para después bajar, en plan flojos jajajaja... pero el personal no hizo caso y se bajo todo el mundo, así que como pardillos nos bajamos en la más baja de todas las paradas que había. A subir hasta arriba a patas, para luego bajar de nuevo.

Al poco de subir, nos topamos con los actos de celebración de San Francisco de Asís, que habíamos elegido ir este día en concreto por ser la fiesta. El monasterio, como todos, cuenta con una iglesia, pero esta es un tanto peculiar, ya que cuenta con tres partes o niveles, lo que viene a ser la iglesia iglesia, en la parte más alta, otra iglesia debajo, que se accede desde la calle de abajo, y la cripta más abajo que la otra. En la iglesia de en medio estaban oficiando una misa en honor al patrón, entramos y recorrimos la vía turística que incluía bajar a la cripta de San Francisco. Justo cuando salíamos, había terminado la misa, y se preparaba el cortejo ceremonial para salir y subir a la iglesia superior. Nos pilló toda la marabunta de gente. A esperar.

Viéndonos libres, comenzamos a subir cuestas, visitando la ciudad y varios rincones. A lo largo de toda la subida nos fuimos separando por grupos: unos iban mas rápidos, otros más lentos, unos se paraban en museos, otros se perdían y reaparecían diciendo que habían estado comiendo de balde en una cata, otras no querían el helado de esa heladería, etc...

Tras un buen rato, conseguimos reunir a todos en frente de la catedral, sentados en un fuente tomando algo de aliento, para después seguir ascendiendo hasta la cumbre de la ciudad, donde hay un castillo, o lo que queda de el. La verdad que por lo menos, lo poco que vimos, las murallas, se conservan mas o menos bien. Estaba ya cerrado cuando llegamos. Desde allí arriba había unas vistas impresionantes:


 Vistas del valle desde lo más alto del pueblo.

Después lo típico: fotos de grupo (la parte que había subido a tiempo, claro esta, los que no se quedaron sin fotos), charlas, viendo la puesta de sol sobre todo el valle, etc...

Rápidamente, enfilamos colina abajo por las mismas calles que habíamos subido, camino de la paraba primera de bus que nos llevaba a la estación de tren para volvernos ha Perugia. Llegamos cansados de tanto subir cuestas y escaleras. Estuvimos cenando por la piazza y echando un rato antes de irnos cada uno a su casa a descansar, que al día siguiente había clases.

 Vista parcial de la ciudad.



 El monasterio donde estuvo San Francisco (creo).

 Iglesia (no se cuál, donde están los restos mortales de San Francisco de Asís).

 Otra de las tantas iglesias que abundan por las ciudades italianas...

 La catedral de Asís (lo se porque lo dijo mi compañero que estudia historia del arte, si no iba a pañado xD).

 El castillo, en lo alto del todo.



 Parte del grupo (de izquierda a derecha y de arriba abajo): Celia, Manuel, Mariona, Laura, Raquel, Marta, Ana,  Belén, Pascual, Paula, Laura, Yo, Marta, Marga y Elo.

2 de octubre de 2011

Se acabó lo que se dio hasta ahora...

... y es que, ya va siendo hora de que acudamos a clase, aunque el coordinador dijera que no nos preocupáramos por la asistencia, que nos adaptáramos a nuestro ritmo. Pienso que cuanto antes sea eso mejor. Necesito aprender el idioma ya, para poder desenvolverme sin problemas, y tener ya la seguridad de poder aprobar, ya que los exámenes son todos orales, delante de un tribunal, y por lo visto, delante también del resto de la clase, algo que no me hace mucha gracia la verdad.

Aquí se imparten en la universidad un curso de italiano de 5 o 6 horas semanales, no recuerdo bien, durante los meses de octubre, noviembre y diciembre, empieza mañana, yo ni he reservado plaza ni nada, porque cuesta 300 pavos, y esta en el quinto pino, y tendría que ir en autobús, que es 1,5 € el viaje (ida y vuelta cada día). Además, aunque tenga solo 3 asignaturas en el primer cuatrimestre, aquí las clases son de 4 a 6 horas semanales, y prácticamente me ocupan toda la semana. Suerte la mía, que tan solo me pisa una hora de Chimica Agraria y de Patologia Vegetale, cosa que no creo que se de en el segundo teniendo el resto de las 6 asignaturas. Mañana tengo intención de ir hablar con el coordinador para ver por definitiva las asignaturas, y espero que haya alguna más en el primero, para no estar tan saturado en el segundo.

Aún sigo en mi indecisión de si quedarme en la residencia, o de si mudarme a un piso. Por mi me iba a piso, más cómodo a mi parecer (aunque aquí en la residencia te lo den prácticamente todo, pero no soy tan perro como para aguantarlo, necesitaría tener algunas responsabilidades). Por supuesto, con la resi me ahorro una buena pasta, que podre gastar en viajar y en fiestas... En fin, que ahí ando, calculadora en mano, haciendo cuentas con la beca jajajajaja...

Aquí estamos, mi compañero, Manuel, y yo, tirados en las camas, aburridos enganchados a los ordenadores. Estamos un poco retirados de la gente con la que nos juntamos, y la mayoría de las veces no hay ganas de andar tanto trecho y subir tanto. Por eso de irme también un poco más cerca del centro, pero no muy lejos de la facoltà.

Me pregunto continuamente como le irá al resto de la gente de españa: a la gente de la escuela, a toda mi familia, a mis amigas del pueblo... y en fin, a todos que conozco que me he dejado allí.