Después de cinco maravillosos días, al fin, estoy instalado. Comparto habitación con mi compañero de la Escuela, Manuel, en el ‘Collegio di Agraria’. Está a menos de cinco minutos de la escuela, aunque sean más, por ser cuesta arriba y porque la puerta de la Facoltà di Agraria está en el otro lado del edificio. Mi primera impresión de la habitación en la que estamos fue terrible, decía que me volvía para España. Es en plan cubículo-cárcel, aunque sin barrotes, y con la puerta un tanto malucha la verdad, puede tener un ancho de dos metros y medio o tres, pero sí es larga. Se estructura en dos plantas, o mejor, en una planta y entreplanta. Se accede desde la segunda planta del edificio a la entreplanta, bajando por unas escaleras que dan al descansillo, donde hay dos escritorios y una silla (para dos). También tiene una mini terraza, nos dará el apaño. Hay otras escaleras que bajan al dormitorio en sí, con dos camas, dos armariduchos, un par de estanterías y un aseo. Para mi gusto tiene poca luz, pero por 150 pavos no vamos a pedir mucho mas ¿no?
Estos días atrás han sido un completo CAOS: papeles para arriba y para abajo, pregunta cosas, “hablas”, conoces gente para olvidar el minuto siguiente, recorres calles imposibles… :S
22/09/2011
SVQ-CIA: El vuelo Sevilla-Ciampino (Roma) fue muy tranquilo, largo eso sí, pero bien, sin problemas alguno. Ciampino es como el aeropuerto del pueblo, simplemente un edificio de escaso tamaño dividido en dos (llegadas y salidas), ni tiene el túnel este de embarque, a patas.
Ciampino-Termini (Roma centro): En el aeropuerto cogíamos un autobús que nos llevaba hasta la estación de tren de Termini. Tuvimos que esperar cerca de una hora al autobús porque había mucha gente, y aunque está relativamente cerca, tarda unos 20-25 min en ir. Todo el grupo de gente que íbamos entramos por los pelos, las dos últimas plazas para una chavala y para mí. Al llegar a Termini no había aparcamiento para el autobús, siendo una empresa fuerte con una ruta preestablecida, “TERRAVISION”, así que se fue a dar una vuelta a la manzana por si dejaban hueco...
Termini-Perugia: En Termini, nos sacamos en las maquinas que había por allí el billete a Perugia. Por supuesto que la máquina la pusimos en español (xD), y buscamos la estación de Perugia ¡¡4 estaciones!! :S ahora ¿cuál elegíamos? Perugia Ponte San Giovani, allí nadie tenía ni idea de cuál era la buena, nos habían dicho por el grupo de facebook que solo una era la buena, pero nadie se había acordado de mirarlo antes de venirse, y los otros tampoco es que se explicaran muy bien: unos que si la del McDonals era la buena, o que si esa es la mala, un lio. Detalle, que hay que picar el billete o sellar en unas máquinas amarillas que hay por la estación (esto se lo debemos a una chavala, amiga de mi compañero, que sabía cómo iba la cosa), sino multazo de 50 pavos. Buscamos el andén, ¿el tren? Un cachivache azul de principios del siglo XIX.
Termini-Perugia: Sin asientos para el grupo, cargados con los maletones tirados entre compartimento y compartimento junto a los aseos, que a suerte, no olían mucho. Nos juntamos con la gente que llegaba de Madrid. Con forme pasábamos estaciones, e iba bajando gente, fuimos sentándonos en los asientos que quedaban libres. El camino fue interminable. Sabíamos que en Foligno o había que esperar o cambiarse de tren, y la estación que no llegaba nunca tss… cuando al fin llega, entre preguntas al revisor y a una chica de allí nos enteramos que había que esprar 20 min o más allí en el tren, que después partía a Perugia. Pasado Foligno, era turno ahora de ver la parada en la que nos teníamos que bajar: Perugia a secas, la siguiente a la de Ponto di San Giovani, la que habíamos comprado. La jugada nos ofrecía 4 opciones, a tan solo una buena, por suerte elegimos la buena.
En Perugia: Al llegar, tanto habían dicho que había escaleras mecánicas en la ciudad, y en la estación de tren no había ni una mísera escalera mecánica, había que hacer el subterráneo con las maletas a pulso. Preguntamos en una taquilla para ir a la Piazza d’Italia, y nos indicaron el autobús, nos montamos y en el autobús no cobraban billete. Para colmo, a mitad de trayecto se presento el revisor y quería sacarnos el buen señor la friolera multa de 30 euros por persona para 12 que íbamos, menos mal que entre unos y otros que estaban en el autobús, muy muy buena gente, le recriminaron al revisor por lo que estaba haciendo en sí, por suerte este bajo a 15, pero aun así, fuimos engañados ¡¡menudo recibimiento!! Desde Piazza d’Italia hasta el Ostello hay na’ y menos, pero cargados como íbamos, cansados de todo el viaje, yendo por esas calles de losas irregulares: el camino fue mortal…
En sucesivos días, iré escribiendo más cosas y detalles de estos días atrás, para que no sean lecturas pesadas.
Dejando de tener ganas de viajar en 3... 2... 1... jajajajajaj lo que no te pase a ti....
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